Heme aquí en la colina Pincio de Roma, donde a un lado del faraónico obelisco Salustiano que con su base alcanza 30.45 metros de altura, está la iglesia de ‘los reyes de Francia’: la iglesia Trinitá dei Monti (del siglo XVI) construida por orden del rey Louis XII. En su fachada admiro la doble escalera y los dos campanarios.

Años atrás visité su interior. Al frente, en lo alto de la más célebre escalinata del mundo, la de Piazza Spagna, se extiende un mirador desde el cual, mi hija Carmen y yo contemplamos una vista estupenda de Roma.

Tras este esparcimiento visual descendemos las escalinatas, abriéndonos paso entre una variopinta representación de turistas y lugareños que, pese a un refulgente sol estival, están sentados en los escalones de mármol travertino. Me llama la atención que ni una sola persona come o bebe. Me entero luego que está prohibido, y la orden se cumple a rajatabla. (La escalinata sirve ocasionalmente como magnífico escenario para desfiles de moda de la alta costura).

Ya sobre el pavimento adoquinado, a los pies de la escalinata reposa la Barcaccia, una fuente de piedra con los símbolos de los Bernini: soles y abejas. Es que Bernini (unos dicen que el padre, otros que el hijo) tuvo a su cargo la construcción. En su entorno hay escasos visitantes. Podemos por tanto, acercarnos. Según los estudiosos, representa una barca ‘naufragada’, construida en 1627 para canalizar el agua del acueducto. Otros la ven como réplica de una barca traída por una inundación del Tíber. Para nosotras, ¿qué importa su origen?

(Un museo en la casa donde vivió el poeta inglés John Keats tiene su asiento en un edificio junto a las escalinatas.

En la cercana vía Condotti funcionan el antiguo Café Greco del siglo XVIII y la famosa joyería Bulgari).

En vez de continuar hacia la vía Condotti nos desplazamos hasta la adyacente Piazza Mignanelli, en cuyo centro el obelisco del siglo XIX conmemora el dogma de la Inmaculada Concepción. La estatua da la espalda a un elegante edificio del siglo XVI: el Palacio Mignanelli. Le da nombre a esta plaza.

Nos disponemos a observar el palacio donde ondean dos banderas, de España y de la Santa Sede, cuando suena a cierta distancia un ruido seco y fuerte. ¿Será un disparo? Rápidamente se movilizan varios militares del Ejército que están de puesto en el edificio que llamaba mi atención: la Embajada de España ante el Vaticano y la Orden de Malta. (En otra dirección funciona la sede de la Embajada ante Italia). Nos detenemos. Todo está en calma. ¿Sería la explosión de un neumático? Continuamos nuestro andar.